El origen de los vinos salteños se remonta a casi dos siglos atrás, cuando el último gobernador realista de Salta fundó la bodega Colomé, cerca de Molinos. Unos años más tarde, su hija trajo al país las primeras vides de malbec y cabernet sauvignon. Aquí, una especialista repasa la historia y revela las cualidades únicas de los productos surgidos de los viñedos vallistos.

 

Por Gabriela Flores, Sommelier

@mgabyflor

En los primeros años de Siglo XIX, Don Nicolás Severo de Isasmendi, último gobernador realista de Salta, fundó en el departamento de Molinos, la Bodega Colome, la primera bodega del país, a 2300 metros sobre el nivel del mar.

Pocos años más tarde, en 1854, su hija, Doña Ascensión Isasmendi de Dávalos, de viaje por Europa, puso entre sus baúles unos esquejes de Malbec y Cabernet Sauvignon, sin imaginarse que estaba escribiendo la primera página  de la historia de los Vinos más altos del Mundo.

No fue sencillo llegar al departamento de Molinos, el viaje fue largo, vía océano Pacífico por puertos chilenos, después de la aventura Doña Ascensión llegó a su tierra, donde la recibió el  paisaje agreste, salvaje, casi desértico, donde, como todo follaje se distinguían cardones y churquis, y allí planto las primeras viñas, en la localidad de Colomé.

Las plantaciones de viñedos en el mundo no sobrepasan, en promedio, los 1200 msmn, aquí en nuestro Valle Calchaquí, se inician en 1700 msnm en la localidad de Cafayate, que concentra el 75% de la producción de vino de Salta, y se elevan entre nubes hasta los 3111 msnm en la localidad de Payogasta.

El Valle Calchaquí se extiende desde Santa María (Catamarca), pasando por Colalao (Tucumán), Tolombón, Cafayate, Molinos, Luracatao, Pucará, Seclantás, Tacuil, Colome, Cachi y Payogasta en el extremo norte.

Allí, entre piedras, arena, churquis y cardones, con el viento como único testigo, la mano del hombre, contra cualquier pronóstico ha dado forma, carácter y personalidad a la zona de elaboración de vinos más altas del mundo, cartografiada hoy en todos los libros, revistas y manuales del sector vitivinícola.

¿Pero qué es lo que hace diferentes  y únicos a nuestros “Vinos de Altura”? Las condiciones agroecológicas del Valle Calchaquí (valle en altura) son diferentes a las de otras zonas vitinicolas: a mayor altura hay menos oxígeno, más amplitud térmica, mayor insolación, menor índice de precipitaciones y  suelos pobres y sueltos. Estas condiciones que, de sólo escucharlas, parecen adversas, son las que posibilitan que la vid despliegue su potencial y logre sobrevivir a prueba de todo.

El sol en el Valle es intenso y diáfano, expone a las plantas a más radiación UV que la habitual y por la acción de estos rayos, las pieles de las uvas se vuelven más gruesas, el resultado se ven en la copa, el color profundo y oscuro de nuestros vinos es un regalo del sol.

El viento terco, seco y áspero del Valle Calchaquí, es un factor de sanidad para los viñedos, devuelve frescor a las plantas y ventila los racimos, con lo cual, las enfermedades no prosperan y la fruta cumple su ciclo, concentrando su calidad y completando su madurez.

La amplitud térmica, los días calurosos y las noches frescas (varía entre 15° y 25°), permiten que las plantas descansen, se renueven y concentren la mejor expresión de la naturaleza en sus frutos. Las precipitaciones son escasas, no sobrepasan los 250 mm anuales.

En los suelos sueltos y arenosos la vid se esfuerza por arraigarse, se aferra a las rocas y extrae de ellas escasos minerales, pero suficientes para su subsistencia. En  estas condiciones climáticas que acobardarían a cualquiera, la vid crece con furia cada año, desafiando los límites de la agronomía, poniendo a prueba a la naturaleza y al hombre y otorgando frutos con carácter, complejos, exultantes en color y de exuberantes aromas.

Las manos que elaboran vino en el Valle Calchaquí aportan lo suyo, conocen los secretos, hablan con el viento que les cuenta esas viejas historias sobre vinos y duendes, allá lejos y en el tiempo. Esta conjunción de Valle y hombre es la que hace que los “Vinos de Altura”, nuestros vinos, sean diferentes a todos los vinos del mundo, y si prestamos atención, una vez en la copa nos susurran sus secretos en forma de copla.